Cuál es la ciencia de la colaboración activa

Si le preguntáramos a las personas en qué lugares tienen sus mejores ideas, escucharíamos respuestas del tipo: “cuando salgo a correr”, “cuando me desconecto en la naturaleza” y, la más común, “en la ducha”. No es tan frecuente escuchar que las mejores ideas surgen cuando estamos, por ejemplo, colaborando en una sala de reuniones en el trabajo. Un reciente informe de nuestra socia Steelcase analiza la ciencia detrás de la colaboración activa, y cómo el movimiento físico, las posturas y los gestos, influyen en nuestra forma de pensar y sentir generando nuevas y mejores ideas.

Si bien las organizaciones tienen una necesidad de estimular las buenas ideas, los lugares que se les proporciona a los equipos para que colaboren y resuelvan problemas no siempre están bien adaptados. Esto hace que las personas permanezcan sentadas, a veces sin tener contacto visual con todos los presentes, y con el riesgo de dispersarse o desconectarse en lugar de crear ideas novedosas y transformadoras. Y aunque se sigue replicando, se ha demostrado sin embargo que el movimiento físico, las posturas y los gestos, influyen en nuestra forma de pensar y sentir.

Entones, ¿por qué creamos entornos laborales para el comportamiento pasivo que apenas fomentan el cambio de posturas? Existe una correlación clara y visible entre lo que experimentan los cuerpos de las personas y lo que sucede en sus mentes, y se ha analizado que las personas de pie generan más ideas que aquellas que están sentadas en sillas. Por esta razón, en cualquier entorno donde deban generarse ideas, es necesario que las personas tengan la opción de movimiento, fomentando una actitud abierta, facilitando el cambio, y activando la interacción.

“Trabajar de pie permite unirse cognitiva y emocionalmente, pero no estar limitado ni física ni mentalmente”, explica Frank Graziano, uno de los investigadores de Steelcase WorkSpace Futures que ha estudiado durante décadas el impacto ambiental. Sin embargo, a pesar de este insight, la mayoría de las organizaciones no aprovechan el potencial del entorno físico para proporcionar a las personas lo que realmente necesitan para hacer mejor su trabajo.

Reunirse no es colaborar

Un error generalizado es definir la colaboración como comunicación. No siempre que se celebran reuniones se obtienen resultados valiosos, ya que la mayor parte del tiempo se consume informando sobre un problema en lugar de resolverse de manera activa.

Según una reciente encuesta de Steelcase a más de 3.000 personas en América del Norte, Europa y Asia, el trabajo en equipo se convirtió en la nueva norma y las personas pasan más tiempo trabajando con otros que en soledad. La mayoría de los encuestados (el 97%) considera que la colaboración es importante para su trabajo y el 90% cree que es la mejor forma de generar buenas ideas. Pero muchas reuniones tienen que ver con compartir información, con actividades evaluativas, o revisiones ejecutivas, y aunque son importantes, no representan una forma de colaboración generativa, del tipo que lleva a generar nuevas ideas y a fomentar la innovación. La mejor y más creativa parte de la colaboración es la actividad y el dinamismo, en lugar de la pasividad y el sedentarismo, porque nuestro cuerpo y cerebro necesitan moverse para ser creativos.

El ambiente

A medida que las organizaciones se van centrando en la colaboración como medio para la innovación, las personas y las organizaciones se enfrentan a determinados obstáculos. La mayoría (el 70%) aún está intentando colaborar en salas tradicionales que consumen el oxígeno de la creatividad. Espacios normalmente cerrados (75%) en donde la mayoría de las sesiones de colaboración están programadas (81%) en lugar de ser espontáneas, y donde las tecnologías de colaboración, como el mobiliario del tipo colaboración.i para compartir información e ideas, no son accesibles. Colaborar en este tipo de ambientes puede ser muy difícil.

La vicepresidenta de WorkSpace Futures de Steelcase, Donna Flynn, afirma: “Si podemos ayudar a replantear la colaboración para hacer que realmente las herramientas, los espacios, y las prácticas sean las apropiadas, todos saldremos ganando; las personas, los equipos y las empresas”.

El aprendizaje activo inspira a la colaboración activa

Las organizaciones que innovan fomentan el aprendizaje como comportamiento clave animando a los equipos a probar nuevas ideas, a conceptualizar prototipos, a aprender qué es lo que funciona y qué no y volver a repetir el ciclo. Los entornos de aprendizaje desempeñan un papel fundamental en la innovación, por eso tiene sentido analizarlos para saber si esos conceptos podrían aplicarse en los entornos laborales.

La teoría del aprendizaje activo reconoció que las clases tradicionales diseñadas con filas fijas mirando hacia el frente y poca flexibilidad para las distintas actividades, no se adaptaban a la manera de aprendizaje de los estudiantes del siglo XXI. De ahí que los investigadores de Steelcase analizaron la formar de diseñar entornos para el aprendizaje que alentaran a los estudiantes a participar de una manera más activa. En los entornos de aprendizaje activo, por ejemplo, los instructores y los estudiantes pueden reorganizar con facilidad sus espacios para respaldar el trabajo en grupos pequeños, las discusiones de los grupos grandes o el aprendizaje individual. A diferencia de las clases antiguas, los estudiantes pueden moverse a través del aula según sus necesidades e interactuar con sus instructores y compañeros de clase. Ha sido un gran cambio de paradigma para algunos educadores, pero los resultados del aprendizaje están mejorando.

A medida que se acumula evidencia empírica, estos métodos de aprendizaje activo e implícito, que reconocen el vínculo entre el cuerpo, mente y entorno, se han extendido dentro del aula, reemplazando a los enfoques tradicionales en los que los estudiantes se sientan y reciben información de forma pasiva por parte de sus profesores.

La colaboración activa puede tener el potencial de transformar el trabajo diseñando espacios que animen a las personas a moverse más, a tener más comportamientos activos involucrándose física y emocionalmente en el proceso creativo. Se pueden estimular estos comportamientos diseñando espacios que promuevan:

  • Las posturas activas, estar de pie o en movimiento para promover más participación equitativa y nuevas ideas.
  • El uso de tecnologías de colaboración, tanto digitales como analógicas, para conectar físicamente con el contenido y las personas.
  • La participación equitativa entre los miembros del equipo eliminando las estructuras jerárquicas y potenciando la tecnología para incluir mejor a los participantes remotos.
  • La relación entre la actividad física, la creatividad y la colaboración se puede traducir en lugares cuidadosamente diseñados que agrupen a las personas, el espacio y la tecnología, de manera que los equipos se involucren más y generen más y mejores ideas en menos tiempo.
  • Conexión ambiental con el espacio. Creando entornos acogedores a través de elementos de diseño y materiales auténticos que inspiren a los miembros.

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